Del temor a la gran tribulación a la seguridad en Jesucristo

Nuevamente, un hermano en la fe se animó a compartir su testimonio de cómo abandonó el dispensacionalismo y llegó a conocer la fe enseñada por los reformadores. Aquella que verdaderamente encontramos en las Escrituras.  Enrico Aldi de Costa Rica, nos cuenta cómo comenzó su historia hace muchos años atrás.

Caminar sobre las olas del desconocimiento

La primera vez que conocí­ sobre las profecí­as del Apocalipsis fue a mediados de los años 80’s cuando en la iglesia donde asistí­a en ese entonces proyectaron las famosas pelí­culas “Como Ladrón en la Noche” y “Trueno Distante”.  Debo admitir que me impactó la historia e imágenes de esas pelí­culas y naturalmente me llamó la atención conocer ese lado de terror que eso impregnaba en los cristianos evangélicos.  Y siguió el mismo tema en las conversaciones con mis padres, amigos de la iglesia y aun en las canciones que uno escuchaba- Todo era una cultura de “pasión por el apocalipsis” como así­ lo pensaba en mi juventud.

Sin embargo, nunca he podido comprender “plenamente” el significado de todas esas cosas debido al conflicto principal: “Si Jesús hizo TODA la obra… o no…”   Nunca olvidaré la conversación con un amigo de la iglesia, en 1987 más o menos, cuando confesé que no entendí­a muy bien las interpretaciones que se daban del Apocalipsis. Y mi amigo, todo impresionado, me dijo que lo que realmente necesitaba era a alguien que fuera “bien preparado en la materia para que me explique lo mejor posible” o bien, leer un libro cuyo tí­tulo no recuerdo ya, aunque sí­ que mi amigo sentenció que “si, leyendo ese libro, no llego a entender, entonces eso significa que NUNCA voy a entender el Apocalipsis”.   Al final, ese libro me dejó con más dudas… me resigné a que ese tema no era para mí­.

Fue hasta 1990 cuando el interés volvió debido al conflicto del Golfo Pérsico, quienes aseguraron que ese era el inicio de la serie de cumplimiento de las profecí­as del Apocalipsis, nuevamente me puse a buscar libros y preguntar a la gente.  Mi madre fue por ese entonces una gran estudiosa en el tema, y además enseñaba en los grupos de estudios, con ella tení­a discusiones para comprender y aprender más de ese tema.  Empecé a comprar libros – que aún conservo en mi biblioteca, más de 30 libros y hasta una copia de anotaciones de C.I. Scofield – y el primero fue de Charles Dyer, “Babilonia Renace” y decidí­  asumir que ese enfoque general era el correcto por ser “lo que cree la Iglesia evangélica”, – error que muchos asumen – .

Quienes recuerden los años 90’s, sabrán que han sido años muy turbulentos en el campo internacional, con las guerras y agitamientos polí­ticos en el Oriente, y eso ha provocado a que muchos tocaran con más fuerza el tema del “inminente rapto y el surgimiento del Anticristo”: El supuesto tratado de paz que Israel y los árabes hicieron a principios y el recrudecimiento de las guerras, me llevó al error de crear una conjetura de la venida de Jesús, ubicando a finales de 1999 o principios del 2000, todo por el supuesto argumento de “siete años antes de la segunda venida”.

Comienzan las dudas y cuestionamientos

Sin embargo la confusión empezó a germinar en mi mente cuando en los periódicos hablaban de grupos religiosos que hablaban del “rapto y fin del mundo” en que ciertas sectas poní­an fecha, y organizaban cultos de bienvenida para la “venida del Señor”  y el supuesto plan del anticristo llevado a cabo por un tipo europeo, Michael Smiely, quien buscaba “666 millonarios” para invertir en su plan del Anticristo, que al pasar de los años terminaron en un fracaso y vergüenza. Además la famosa discusión del rapto pretribulacional / postribulacional y que la famosa Babilonia no iba a ser terminada en Irak por Saddam Hussein, porque Babilonia era en realidad USA, y el anticristo no era URSSS o un polí­tico, sino un papa.

A mediados de los 90’s, al notar las tantas contradicciones, y aun asumiendo que era una doctrina esencial de la iglesia evangélica, tuve el miedo de admitir ante mis padres y mis amigos que empezaba a no creer en esa doctrina y abandonarla. Las razones eran las siguientes:

– Conflicto con la doctrina de la Salvación: si Jesús murió “por todos” según Juan 3:16 (antes asumí­a la universalidad de esa cita), ¿porque un grupo de cristianos llegarí­an a quedarse y para salvarse tení­an que dejarse cortar la cabeza? Porqué si Israel era el Pueblo de Dios, por el que Jesús morí­a en la cruz no alcanzarí­a esa salvación, cuando la promesa era para Israel primeramente?

– Conflicto con la inerrancia de la Biblia: en el pasado y aun hoy dí­a siempre he creí­do en la inerrancia de la Biblia, pero hubo quienes aseguraban que necesitaban de las evidencias tangibles como noticias de eventos desafortunados para demostrar el cumplimiento de las profecí­as, o sea, la veracidad de las profecías dependí­an del cumplimiento de eventos según los noticieros. Siendo así­, entonces la caí­da del muro de Berlí­n y la desaparición de URSS “fragilizó” las profecí­as bí­blicas y su concepto. (Discutible)

El colmo de la insatisfacción

Estos conflictos y otros más los he expuesto a quienes “conocían mejor” esas profecías, pero no hubo una sola respuesta satisfactoria.

En 1996-1997, durante mi tiempo de crisis de fe, mi insatisfacción llegó al colmo cuando leí­ el libro “La Señal”, de Robert Van Kampen, cuyos argumentos me parecieron exagerados – el autor asegura en ese libro que Hitler serí­a “el anticristo resucitado”-.  Peor aun cuando obtuve el libro “Los que se han Quedado” de Peter Lalonde, donde aseguraba que ese libro servirí­a como “Un último mensaje para los que no pudieron entrar en el Rapto” lanzado en 1999, creyendo que el rapto serí­a en el año 2000… cosa que NUNCA sucedió.

Superar la crisis de fe

Luego de esos sucesos y de luchar con todas esas dudas, abandoné el estudio del Apocalipsis durante este tiempo. Ya en el año 2002, a pesar que había abandonado mi caminar en la fe, por la providencia de Dios se me ocurre entrar a una librería cristiana sólo para ver libros.  Conversando con la dueña de la librería, tocamos el tema de los libros sobre el Apocalipsis, yo trataba de ser cuidadoso de no decir a ella que yo no aceptaba la doctrina como tal, pero, para mi sorpresa, ella me comentó que “no aceptaba la doctrina de la profecía futura del Apocalipsis” y me muestra un afiche del libro de Tim LaHaye “Dejados Atrás” y me dijo “ese tema, no lo creo en lo absoluto”.  Fue en este día que descubrí que esa doctrina popular era conocida como “Dispensacionalismo”, y que no era la única interpretación aceptada por la Iglesia, sino más bien que había otras escuelas de interpretación que considerar.

El primer libro que empecé a leer fue “The Incredible Scofield” cuya vida fue turbulenta y confusa, que me hizo tomar la decisión de descartar por completo la perspectiva de Scofield y buscar otros recursos.  Así­ llegué a conocer la postura Postmilenial y Amilenial.  Resulta curioso que más de 15 años después encontraba sentido lógico en sus interpretaciones y las comprendí­ fácilmente.  Y la definitiva fue a partir de la lectura del libro de Joseph Caringola “Las 70 Semanas” donde asegura la TOTALIDAD  DE LAS SEMANAS CUMPLIDAS, y no la incertidumbre de la semana 70 en el futuro. Viendo así­, encontré la fortaleza del cumplimiento de las profecí­as del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento.

Llegó el día de decidirme

Después de años de haber leí­do a C.I. Scofield, Tim LaHaye, Wim Malgo, y hasta Robert Van Kampen, no me resultó difícil entender a José Grau, William Hendriksen, David Chilton, y otros finalmente en el 2002 mi cosmovisión cambió, y desde ese entonces me he dedicado a explicar las diferencias doctrinales que ofrecen estas escuelas de interpretación a mucha gente hasta hoy dí­a.

Debo destacar una experiencia más, con mi madre, quien después de muchos años de creer y enseñar el dispensacionalismo, pasamos más años de intercambios de argumentos, hasta que finalmente hace pocos años abandonó también esa doctrina.  ¡Gracias a Dios!

Me di cuenta que el gran error de la llamada Doctrina Dispensacionalista es NO considerar en el estudio de las profecí­as la totalidad de la Biblia misma, puesto que me la habían enseñado en base a fundamentos “doctrinales” a partir de citas bí­blicas aisladas solamente.

¿En qué había fallado?

El dispensacionalismo falla completamente cuando el creyente en esa corriente no comprende lo que, para mí­, son los fundamentos TOTALMENTE ESENCIALES PARA COMPRENDER LAS PROFECIAS:

– El concepto de la continuidad de todos los pactos sobre un único y mismo pueblo de Dios, no de 2 pueblos diferentes como enseñan en el dispensacionalsimo.

– El concepto de las profecí­as en sí­, que es un mensaje de reprensión y llamado al arrepentimiento y advertencia de las consecuencias, no como un sistema de adivinación del futuro.

– El concepto del mensaje de todos los profetas del Antiguo Testamento que muy pero muy pocos dispensacionalistas conocen.

– El estudio completo del libro de Daniel y asunción de las profecí­as ya cumplidas en Jesucristo hasta hoy.

– El concepto y distinción del lenguaje simbólico y literal del Apocalipsis y la profecía en general como un género literario con particularidades.

Hoy me resulta realmente triste ver que a la hora de hablar de profecía, se nota un gran vací­o en su cosmovisión respecto a la doctrina de la Soberaní­a de Dios y el Señorí­o de Cristo, y Jesús como Rey entronado en los cielos hoy dí­a.

Hoy, después de tantos años…

Yo fui uno, de manera inconsciente, que no habí­a entendido la doctrina del Pacto en ese entonces, aunque curiosamente, y me sentía confundido por la doctrina que me había sido enseñada de un Cristo insuficiente para salvarme con su cruz, especialmente por los eventos por venir que el creyente tendrí­a que pasar para ganar su salvación

Después de varios años y estudios de libros, he tomado mi posición de rechazo rotundo al Dispensacionalismo, y mi esfuerzo por convencer a los demás de abandonarlo también. No es por tener la razón, sino que debido a los débiles argumentos que el dispensacionalismo tiene para defender sus creencias. Ante los ojos de un dispensacionalista sus argumentos no son débiles, pero eso es hasta que los compara con los argumentos y versículos que apoyan la doctrina amilenial. El dispensacionalismo se ve aplastado ante la evidencia a favor de la posición del milenio realizado.

Mi gran deseo para el creyente es que, al abandonar el Dispensacionalismo y considerar la doctrinal Amilenial, encuentre que el mensaje del Apocalipsis es más un mensaje de consuelo y seguridad de la venida efectiva de Jesús y que el Reino está presente y siendo funcional hoy dí­a.  En estas profecí­as, no hay calamidades, no hay terrores, no hay amenazas de la condición de Salvación, sino  solamente el consuelo de que Dios JAMAS NOS VA A ABANDONAR EN ESOS TIEMPOS DE TURBULENCIA.

 

Nota de los redactores

Recordamos que en los días previos a la súbita venida del Señor no habrá calamidades cósmicas, sino “paz y seguridad” (1 Tes 5.3), comiendo y bebiendo, casandose y dándose en casamiento como siempre lo hicieron, viviendo una vida normal (Mt 24.38). Las profecías del Apocalipsis deben ser entendidas de un modo diferente.

Esperamos este testimonio te haya sido de bendición. Puedes consultar este artículo sobre el reino de Dios y este otro sobre los eventos previos al siglo venidero si tienes algunas dudas sobre cómo es la interpretación del apocalípsis desde una perspectiva amilenial

 

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