Felipe Melanchton, el colaborador de Martín Lutero

¿Quién fue Felipe Melanchton?

En Felipe Melanchton (también escrito Melanchthon), la Reforma protestante del siglo XVI tuvo uno de sus más destacados protagonistas. Estrecho colaborador de Martín Lutero, supo integrar en su pensamiento la tradición humanista, en la que se formó y cultivó, con la nueva teología evangélica nacida en Wittenberg, que asimiló creativamente y ayudo a desarrollar. En este sentido, se destaca su aporte en la sistematización del pensamiento teológico reformador de providencia luterana, ante todo a través de sus dos obras principales: los Loci communes y la Confessio Augustana.

Felipe Melanchton tuvo una influencia notable en el ordenamiento de la vida eclesial evangélica, participando a la vez decididamente en la búsqueda de restablecer la unidad de la iglesia católica. Simultáneamente realizó sustanciales aportes en diversos campos del saber, ante todo quizá en el de la educación, donde promovió la reforma de los estudios superiores e impulsó la extensión de la enseñanza básica, lo cual le valió ser llamado el “maestro de Alemania”.

La infancia de Felipe Melanchton

Felipe Schwartzerdt es su nombre real, significando “Tierra negra”, que luego fue helenizado a la manera humanista. Melanchton, nació en Bretten (Alemania) el 16 de Febrero de 1497. Fue el mayor de cinco hermanos de una familia acomodada. Su padre falleció a temprana edad, y era maestro de armas del Príncipe Elector local. A la vez, su abuelo materno era un adinerado comerciante. Por recomendación de su tío abuelo Juan Reuchlin, un destacado e influyente humanista, recibió su instrucción elemental en una escuela privada de latín, en donde prontamente se destacó como alumno brillante.

Entre fines de 1509 e inicios de 1514, Melanchton realizó su formación universitaria , primero en Heidelberg, donde obtuvo el grado de Bachiller en Ciencias (Baccalaureus artium), y luego en Tubinga, donde recibió el título de Maestro (Magister), formándose filosóficamente en la vía moderna (nominalismo). En ese periodo no solo aprendió las materias propias de las “artes liberales” y los idiomas griego y hebreo, sino que también se dedicó al estudio autodidacta de las matemáticas, jurisprudencia, medicina, astronomía, filosofía y teología. Para sostenerse Melanchton trabajó como corrector en una imprenta, a la vez que impartía cursos privados sobre escritores clásicos. Su primera obra científica fue una edición del dramaturgo latino Terencio, que le valió los elogios del gran Erasmo de Rotterdam. A ella le siguió pronto una gramática gringa.

Melanchton, profesor de griego

Fue en el año 1518 cuando la vida de este joven humanista tomó un giro decisivo: por recomendación de Reuchlin fue llamado por el Príncipe Elector de Sajonia a ocupar el nuevo cargo de profesor de griego en la Facultad de Artes (ciencias fundamentales y letras) de la Universidad de Wittenberg – dónde recientemente el monje agustino Martín Lutero, que actuaba como profesor de Biblia en la Facultad de Teología, había comenzado su disputa pública en torno a la cuestión de la venta de indulgencia, dirigiendo un ataque crítico frontal a la teología de orígenes en Aristóteles que daba sustento a ese tipo de prácticas perniciosas en la vida de la iglesia y del pueblo cristiano en general.

Este joven maestro inició el programa de su cátedra buscando impulsar los estudios de acuerdo al ideal humanista del “regreso a las fuentes” clásicas y bíblicas como vía de acceso a la “verdad” y la “virtud”. Teniendo este enfoque, más la compañía de una fuerte crítica al método escolástico tradicional, promovió un pronto entendimiento con Lutero, con quien desarrolló un vínculo estrecho y amistoso. De esta manera, Felipe Melanchton, bajo la influencia de Lutero, se dedicó a un estudio renovado e intensivo de la Biblia, comenzando a hacer propia la teología reformadora. Ya en 1519, junto a sus lecciones sobre Homero, dictó cursos sobre la Epístola de Tito y la Epístola de Santiago, y más tarde sobre la Epístola a los Romanos, con el objetivo expreso de ofrecer una interpretación teológica de las mismas. Con este vuelco hacia la teología, Melanchton logró el título de Bachiller Bíblico, y con esta obtención elaboró una serie de tesis que, enfatizando el principio escriturístico y criticando acérrimamente la doctrina de la transubstanciación de los elementos de la eucaristía, causó honda impresión.

Melanchton y Lutero

Al pasar los meses, y mientras el proceso en torno a Lutero se agudizaba se consolidó como colaborador suyo editando algunos de sus escritos saliendo públicamente en su defensa frente a los ataques de diversos teólogos católicos y asumiendo responsabilidades docentes en la Facultad sobre todo a partir de la proscripción de Lutero decretada por la dieta de Worms y su reclusión en el castillo de Wartburgo, en mayo de 1521.

Éste periodo se trató de una enorme intensidad de profundización de lógico espiritual llevando acabo acontecimientos de tal magnitud que dieron lugar a muchas cosas uno de sus frutos principales fue la elaboración de una hora que exponía sintética y ordenadamente los elementos principales de la doctrina evangélica, los Loci communes de 1521 – el primero de esta clase descritos dentro del movimiento reformador y un éxito editorial que cimentó el reconocimiento y la fama de Melanchton cómo teólogo evangélico en Alemania y todo Europa.

Melanchton y los movimientos espiritualistas

Paralelamente a la actividad, académica surgieron para Melanchton desafíos ligados a la vida práctica de la iglesia. Ello se dio a partir de las medidas de reforma que impulsaran algunos colegas de Lutero como Andrés Karmstadt, quienes comenzaron a sacar consecuencias concretas a partir de sus propuestas contando con el apoyo de Melanchton. Las iniciativas generaron un revuelo entre la población e inquietud entre los funcionarios públicos del Príncipe Elector al tiempo de que la situación progresivamente se radicalizaba en especial a partir de la aparición en Wittenberg a fines de diciembre de 1521 de un grupo que reclamaba para así poseer la guía inmediata del Espíritu Santo. A la vez que cuestionaban la validez del bautismo de niños, sus visiones condujeron a una acción de destrucción de imágenes en la iglesia principal de la ciudad. En esa situación Melanchton, ya sobrepasado por la situación, pidió la intervención de Lutero que continuaba recluido. A inicios de marzo de 1522,con su llegada y acción rectora se pudo restablecer la calma en la ciudad a partir de una desaceleración y reorientación de la marcha de las reformas y la toma de distancia con respecto a quienes no aceptaban ninguna clase de retroceso sobre lo logrado. Estas experiencias marcaron la disposición fuertemente negativa de Melanchton en relación a todos los grupos espiritualistas y anabaptistas, a los que posteriormente identificó, como pervertidores del Evangelio y perturbadores del orden público.

Melanchton y los conflictos de los campesinos

Felipe Melanchton asumió también una posición marcadamente conservadora durante la guerra de los campesinos de 1525. Si bien reconocía la legitimidad de ciertos reclamos de los campesinos, sostuvo que éstos debían obediencia a sus señores pues para él la autoridad era un don instituido por Dios para servir a la preservación de la paz pública. Su rotundo rechazo a toda forma de levantamiento contra las autoridades se relaciona con su convicción de que detrás de los mismos se esconde siempre la acción de Satanás (manifestando en eso una mentalidad, amén de conservadora, típicamente medieval). Es por eso que a través de diversos escritos y panfletos justificó la acción represiva de los príncipes. Después de la finalización de los disturbios campesinos, lo cual concluyó con su aplastante derrota militar, se imponía la necesidad de ordenar la vida pública en general y la eclesiástica en particular. A tal fin, el Príncipe Elector dispuso en 1527 el desarrollo de una serie de visitaciones a las iglesias y escuelas. Es allí, donde Melanchton jugó un rol protagónico supervisando la vida comunitaria y proveyendo un escrito su “Instrucción de los visitadores” de 1528,que establecía los criterios para el ordenamiento de la vida eclesial y echaba la base fundamentales de la doctrina y la ética que debían representar los pastores de las comunidades de Sajonia Electoral.

Melanchton y la confesión de Augsburgo

El año 1530 presentó una panorama complejo para los evangélicos. El Emperador, liberado de otros frentes de batalla, se dispuso “poner en orden” a aquellos que impulsaban una reforma de la Iglesia. Para ello convocó a una Dieta en la ciudad de Augsburgo donde los estamentos evangélicos debían exponer su visión doctrinal y de reforma eclesial. Dado que Lutero, debido a la proscripción que aún pesaba sobre él, no podía participar, el mayor peso de la responsabilidad en la negociación con el bando católico recayó sobre el tuvo a cargo en la elaboración del escrito conocido de ahí en adelante como Confesión de Augsburgo, con que los evangélicos (luteranos) defendían su posición mostrándola en acuerdo con el testimonio de las Escrituras y la enseñanza de la iglesia antigua. A pesar de todos los esfuerzos realizados, las negociaciones que siguieron no dieron lugar a un acuerdo.

Los siguientes 15 años estuvieron marcados en gran medida por una intensa actividad en busqueda de alcanzar un entendimiento teológico y político, tanto con la parte católica, a fin de evitar la amenaza de una guerra por razones religiosas, como con otros sectores evangélicos, a fin de establecer una concordia dentro del protestantismo (excluyendo a disidentes como anabaptistas y antitrinitarios). En todo eso, Melanchton era movido por el ansia de restablecer la unidad de la Iglesia sobre la base de un consenso en las cuestiones centrales.

Felipe Melanchton y las controversias teológicas internas

Una vez convocado un Concilio por el Papa en la ciudad italiana de Trento, Melanchton siguió atentamente su desarrollo, cuestionando sus decisiones doctrinales. Cuando se consideró la posibilidad de participación protestante en el Concilio, elaboró por encargo del Príncipe Elector la llamada Confessio Saxonica (1551), y aunque dicha participación finalmente no se llegó a concretar. En los últimos años de su vida, Melanchton se vio envuelto en múltiples disputas teológicas, algunas de ellas con sus propios alumnos. En abril de 1560, poco antes de morir escribió en una pequeña hoja que no temía a la muerte. En su lado izquierdo se leía: “Serás salvado del pecado y liberado de las preocupaciones y de la furia de los teólogos”, mientras que en el derecho dice: “Vendrás a la luz, verás a Dios y a su Hijo, reconocerás los maravillosos secretos que tú en esta vida no pudiste entender porque somos creados así y no de otro modo y en qué consiste la unión de las dos naturalezas en Cristo”.

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