Miguel Servet – error ajeno imputado a Juan Calvino

La historia de Miguel Servet es, además de un episodio confuso y controvertido en la historia de la iglesia, un elemento clave en la comprensión de la teología enseñada por Juan Calvino.
Muchos cristianos se resisten a aceptar la teología reformada porque piensan que es teología “inquisidora” por cuanto asocian a Calvino como si fuera un dictador déspota que ejecutaba a todo aquel que pensase diferente. Muchos calvinistas incluso tampoco saben distinguir la verdad de los hechos ocurridos y por tanto carecen de algunos elementos para defender su fe

El 27 de Octubre 1553 Miguel Servet, fue quemado junto con sus libros por negarse a retractarse de sus convicciones religiosas. Quién dió la órden de muerte? Quién estaba a favor y en contra de dicha sentencia? Servet era culpable o inocente de los cargos? En aquellos días lo que se hizo fue una locura o es una locura hoy por las diferencias culturales producto de ya más de 450 años de ocurrido el hecho?

Estas y algunas otras preguntas son las que esperamos poder aclarar con este artículo

 

Miguel Servet : su teología.

Miguel Servet nace en Aragón, en 1511. En 1531, en Basilea y Estrasburgo, se enfrenta a los reformadores acerca de la pregunta si la palabra de Dios se hizo carne o no. Servet fue un fervoroso opositor de la doctrina de la trinidad, agresivo en sus argumentos y cismático en sus actitudes, escribió obras negando la Trinidad, como “Trinitatis erroribus” (1531) a la edad de veinte años, defendiendo la herejía sabeliana y otra obra “Christianismi Restitutio” (1553)  rozando el panteísmo.

Influenciado por el platonismo y el panteismo, pretendía encontrar a Dios en toda la materia enseñando que todo sería emanación de lo divino. Influenciado por judíos y musulmantes, el descartaba la concepción cristiana de Jesucristo como persona existente con anterioridad a la encarnación. Para él, Jesucristo era simplemente un hombre sabio.

En cuanto al Espíritu Santo, lo confundía con Dios Padre y no existía al margen del Espíritu de Dios que habita en nosotros. Tampoco encontraba en las Sagradas Escrituras fundamento para la doctrina de la Trinidad, abrazando el monarquianismo. Una de sus frases fue: “La Trinidad es un monstruo de tres cabezas..”

También tiene conflictos con las autoridades en cuanto a las persecuciones de los heréticos. Publica dos escritos contra la doctrina tradicional de la trinidad, en las que sólo reconoce al Dios creador como Dios. El Hijo y el Espíritu Santo serían expresiones de la acción divina, pero no serían Dios (monarquianismo). Los dos escritos son muy conflictivos, y el Consejo de Estrasburgo prohíbe su venta. Servet va a París y estudia medicina; ahí es que llama la atención de Calvino. Después trabaja un tiempo como corrector en Lyon, luego es médico del arzobispo de Vienne en la provincia francesa La Dauphine. Dicho sea de paso, probablemente fue Servet quien descubrió la circulación de la sangre por lo que es famoso en la historia de la medicina.

Pero también se dedica a la teología y redacta una obra mayor en la que exige a la cristiandad volver a sus raíces: los Padres de la Iglesia, la Iglesia Romana y también los Reformadores habrían falsificado el Evangelio. Todas las criaturas serían emanaciones de lo divino, los pecados sólo se cometerían a partir de los veinte años de edad, y con ciertos instrumentos (bautismo, eucaristía, buenas obras) serían borrados. Nadie en Vienne quiere imprimir este trabajo. Así es que Servet pide ayuda a un impresor evangélico en Lyon, pero éste exige el visto bueno de Calvino. Servet se lo pide a Calvino, y éste rebate su argumentación, aconsejándole leer determinados párrafos de la Institutio. Servet sin embargo no acepta consejos. En su respuesta a Calvino incluye un ejemplar de la Institutio con sus comentarios al margen, acompañado de una carta ofensiva.

El comienzo del juicio contra Servet

Pasan los años, y en 1553 Servet logra la impresión de su libro. Llega a manos de Calvino y algunos de sus amigos, entre ellos Guillermo de Trie quien se había convertido a la Reforma y roto con la mayoría de su familia que vivía en Lyon.

Es Guillermo de Trie, quien acusando a las autoridades eclasiasticas de Vienne de acoger a un hereje (a Servet), envía como prueba de su herejía las correspondencias que mantenían Calvino con Servet en donde discutían sus puntos teológicos. Como consecuencia de esta carta, se descubre que el autor del libro es Servet. Hay una denuncia realizada por la inquisición romana, Servet huye y es quemado en ausencia, vale decir, se queman sus obras.

No fue Calvino quien denunció a Servet a la Inquisición, sino Guillermo de Trie. Pero esto Calvino lo ignoraba, aunque luego se le acusara de haber sido su denunciante.

Calvino tampoco fue partícipe directo del comienzo de la persecución de Servet, pues no tenía idea de que ese intercambio epistolar sería utilizado en el juicio de Servet y mucho menos que estas cartas terminarían en manos de la inquisición católica. Cuando se enteró de lo ocurrido, declaró no haber tomado parte en ese acto

En una carta a su amigo Farel le escribe:

Servet acaba de enviarme, juntamente con su carta, un extenso volumen de sus desvaríos. Si lo consiento, vendrá aquí. Pero no diré una palabra para que venga

Juan Calvino

Es claro, que ante la posibilidad de capturarlo y enjuiciarlo en Ginebra, Calvino no será quien lo engañe para venir. En contraste la inquisición española decía: “Prométanle favores, miéntanle, ordénenle, hagan cualquier cosa para traer a Servet a algún lugar donde podamos echar mano de él.” Así manifestaba la orden inquisitorial.

En su huída, Servet quiere llegar hasta Nápoles, pero toma el camino por Ginebra. Apenas llegado a la ciudad es arrestado a petición de Calvino el 13 de agosto de 1555. El magistrado inmediatamente se opone a Servet – lo que Calvino no había esperado – e incluso se apropia de la acusación. Se busca la opinión de los demás cantones helvéticos, pero antes de que éstos puedan pronunciarse, el Consejo redacta su propia acusación a través de un adversario de Calvino. Desde Vienne se exige la extradición de Servet. Pero los jueces de Ginebra quieren dictar su propia sentencia y se niegan hacer la extradición.

Es en ese momento que el Consejo de la ciudad de Ginebra le ofrece dos alternativas: ser retornado a Vienne o quedarse en Ginebra y enfrentar los cargos en su contra. Servet elige permanecer en Ginebra y ser juzgado por el Consejo de Ginebra aparentemente apoyandose en la confianza de que los opositores de Calvino y el partido libertino le apoyarían a él y no a Calvino sabiendo que el Consejo de Ginebra eran contrarios. Servet no se da cuenta de la gravedad de su situación, y espera que la oposición en el Consejo intervenga por él.

Tal era la oposición de Calvino que el Consejo de Ginebra inicialmente no le hizo partícipe del juicio contra Servet sino hacia el final del mismo y fue el Consejo y no Calvino quien determinó la sentencia.

Intentando tomar ventaja de la debilidad de Calvino en Ginebra, será paradójicamente Miguel Servet quien acusaría de hereje a Juan Calvino, pediría la pena de muerte para él y exigiría que se le entregasen todos los bienes del reformador como compensación por los daños morales sufridos.

Un escritor como Dyer, que lejos se encuentra en cuanto a justificar a Calvino, señala que sus respuestas a las acusaciones de herejía de Calvino son harto insolentes, al punto que parecen las de alguien que tiene trastornada la razón. Desafiante y totalmente seguro de si mismo, intentó llevar la defensa como si Calvino fuera el acusado, llamándole: “mentiroso, perverso, asesino, mono ridículo..”

En un escrito al Concilio Menor reclamó lo siguiente:

“Por tanto, señores míos, pido que mi falso acusador (Calvino) sea castigado…que su propiedad me sea entregada como recompensa por las molestias causadas, y que sea mantenido en prisión hasta que el juicio decida su muerte o la mía, o algún otro castigo…”

Van Halsema, llama la atención sobre el hecho de que Servet considerara la posibilidad de la pena de muerte como veredicto, aunque no suponiendo que recaería sobre él.

 Juan Calvino: los límites de su responsabilidad

Decía John T.Mc.Neill:

“Calvino ha sido tan industriosamente difamado, que muchos que están al margen del mundo culto piensan en él ante todo con cierto horror.”

La crónica de la historia en la Ginebra de los tiempos del proceso y ejecución de Miguel Servet, nos dice que Juan Calvino no era un dictador en Ginebra ni mucho menos un “Papa”; y que solo hacia el final de su vida se le otorga la ciudadanía de Ginebra, con plenos derechos; pero hasta ese momento sólo era un extranjero residente legal, sin derecho a voto o a cargar armas, que podía ser pastor o maestro si no se hallaba un ciudadano de Ginebra calificado para ocupar tal posición. Pero que al momento de los hechos generados por Servet no tenía control sobre los Consejos de la ciudad.

Calvino fue con el paso del tiempo, una persona respetada a nivel moral y espiritual, pero no tenía poder real al momento del proceso contra Servet.

Es interesante observar que Calvino era un hombre de sensibilidad y compasión, lo cual puede ser visto en su correspondencia personal; quien tenía un profundo sentido de compromiso con aquellos quienes estaban en necesidad, tanto física como espiritual.

Está probado por medio de una misiva personal a su amigo Farel que, fiel a su sentir, Calvino y otros pastores intentaron evitar la condena a muerte por fuego cambiándola por otra más misericordiosa como la ejecutada por espada, pero fueron rechazados por un Consejo ginebrino que quería demostrar su independencia de Calvino, y la ejecución en los términos por ellos dispuestos era una buena ocasión.

Con gran maestría J.Grau señala que paradójicamente sus enemigos lo acusan de ser culpable de una hoguera a la que se opuso.

Esto deja claro que no había capacidad de decisión, ni siquiera de consideración en la persona de Calvino por parte del órgano civil; si así hubiera sido, la historia final de Servet hubiera sido diferente, pero la falsedad de la leyenda sobre este hecho inculpa a Calvino como el principal instigador y autor de esta ejecución.

Luego de conocida la sentencia, Servet pidió un encuentro con Calvino, donde le pidió disculpas y éste le correspondió asegurándole que nunca le había tenido rencor personal.

La idea de un Calvino dictador en la Ginebra de su tiempo es insostenible. Vayan algunos ejemplos.

  • Tenía muchos enemigos quienes lo odiaban y lo ridiculizaban de formas difícilmente soportables y para ellos no hubo juicio ni persecución
  • No podía salir a la calle sin ser objeto de burla con expresiones como:
    • “prefiero escuchar tres perros ladrando que a Calvino predicar”
    • “¿Sabes? en el infierno hay solo dos demonios y uno de ellos va allí (por Calvino)”.
  • Algunos niños a su paso le gritaban a sus espaldas “Caín, Caín”. Y más de un perro por aquellos días respondía al nombre de Calvino. (Stickelberger, John Calvin)

En una carta a Farel, el reformador le escribe:

“Nuestros magistrados han llegado a tal punto de su locura que ponen en duda todo lo que digo; tanto que si afirmo que hay luz a mediodía al momento empiezan a desconfiar”

Aún autores que no son muy favorables a Calvino, reconocen que cuando éste comenzó a meterse con la vida que llevaban los ricos y poderosos de la ciudad, aumentó notablemente la resistencia contra su persona.

Los que eran sus adversarios se habían hecho con el poder del consejo municipal en 1549 y no estaban dispuestos a tolerar censura sobre sus modos de vida, ni tampoco una política que siguiera facilitando la llegada de refugiados protestantes de toda Europa que venían perseguidos por la Inquisición católica. Por el contrario pretendían una política más ginebrina.

Calvino acusó de herejía a Servet, y demostró su falsa enseñanza sólo en el terreno teológico desmontando los argumentos del español durante el proceso.

Por el tiempo que Servet fue convicto de herejía yo no he pronunciado una palabra sobre su pena…

Estoy ansioso de saber por qué hecho se me acusa de crueldad, desconozco a cuál se refiere a menos que sea con referencia a la muerte de su gran maestro Servet. Pero que yo mismo considero que él no debió ser ejecutado, sus jueces son testigos, dos de los cuales en ese tiempo eran sus leales favoritos y defensores

Juan Calvino

Señala Merlé D’Aubigné en su obra que curiosamente fue Calvino quien asumió el papel de intentar mitigar la forma de ejecución de la sentencia, para finalmente ser acusado por una pena con la que no acordaba.

La responsabilidad final de la forma de muerte dada a Servet descansa sobre el consejo de la ciudad no en Calvino.

El escenario : razones históricas del proceso y ejecución de Servet.

¿Podría verse este proceso como un hecho único, aislado y puntual en la historia del siglo XVI?

Ginebra, está inmersa en su época, tiempo en el cual lo que se creía herejía que ponía en peligro las almas debía ser exterminado sin otras valoraciones; de esto bien puede dar sobradas muestras la Inquisición católica romana en miles y miles de casos.

La iglesia había superado no sin gran dificultad la herejías arrianas en el siglo IV y V, y aún permanecía sensible en temas tan fundamentales como la Trinidad, la deidad de Jesucristo y el carácter personal del Espíritu Santo.

Cualquier idea que implicara la no aceptación del Credo Niceno implicaba ser perseguido desde el tiempo del emperador Teodosio, ese era el escenario de Ginebra y de la Europa occidental a mediados del siglo XVI .

Biéler expresa en su obra sobre el pensamiento económico y social de Calvino que tanto para el romanismo emanado del papado como para los protestantes, en el siglo XVI solo hay una verdad religiosa por la cual cada uno está obligado a combatir, y acudir, si es necesario para ello, a la fuerza.

El proceso fue civil, instruido y dirigido por el Consejo Menor de la ciudad del lago Leman en acuerdo con la leyes vigentes, y este órgano civil era el único que tenía poder para penalizar criminales. Y Calvino no era un magistrado.

Las acciones de Servet tenían un sentido sedicioso, que es lo que el tribunal ha de juzgar, pues en una sociedad en la cual aún no estaba clara la división entre estado e iglesia, su intento de desestabilizar a la iglesia era un intento de derrocar al gobierno de Ginebra; si se analizan las actas se llega a la conclusión de que el proceso tomó rápidamente un tinte político y social.

A Servet se lo acusa de sedición al atacar las bases doctrinales fundamentales de una sociedad cristiana como lo era Ginebra, y de pretender minar esas bases para acabar así con el orden imperante. Argumento suficiente para ser acusado de sedición. Recordemos que Cristo mismo fue crucificados por la acusación de sedición.

Puede verse sí, cierta reminiscencia romana al unir paz social con razones eclesiásticas, pero estamos en los comienzos del proceso que llevará decididamente a la separación o independencia de la Iglesia y el Estado.

El acto de eliminación física de lo herejes estaba fundamentado en una interpretación contextualizada de la escritura que encontramos en el Antiguo Testamento en Levítico 24:16. Era este el error de la época. Avalada por el Código Justiniano, la ley civil en vigencia, para el crimen de negar una doctrina fundamental del cristianismo como la Trinidad, se aplicaba la pena capital.

La sentencia de ejecución de Servet fue completamente aprobada por los líderes de la Reforma, así encontramos a: Beza, Melancthon, Bucer, Farel, Bullinger en completo acuerdo con la sentencia dictada al tenor de sus respuestas ante la consulta que hace el consejo de Ginebra a las diferentes ciudades suizas.

Zurich, la ciudad de Zuinglio:

“Ninguna severidad es demasiado grande para penalizar tal ofensa..”

Schaffhausen:

“Detened a ese demonio, de otra manera sus blasfemias acabarán con los cristianos..”

Basilea:

“Si persiste en su locura, usad el poder con el cual estáis investidos por Dios para prevenir por fuerza contra toda injuria a la iglesia de Cristo”.

Melanchthon a Calvino en una misiva:

“He leído tu libro donde claramente rechazas las horribles blasfemias de Servet..”

“La Iglesia te debe gratitud y te la deberá la posteridad. Perfectamente asiento tu opinión y afirmo también que los magistrados tuvieron el derecho en castigar en un tribunal ordinario a este blasfemo hombre.”

El mismo Tomás de Aquino explícitamente apoya la quema de herejes diciendo:

“Si el hereje pertenecía a la iglesia, abandonad toda idea de conversión, proveed para la salvación de otros separándolo de la iglesia por la sentencia de excomunión y dejadlo en manos de un juzgado secular para ser exterminado del mundo por la muerte.” (Summa Theologiae, IIaIIae)

La herejía era considerada peor que la muerte, en tanto que ésta sólo destruía al cuerpo; la herejía perdía el alma para siempre.

Ninguna ciudad habría actuado de otra forma. Antes y después de Servet, fueron miles los heréticos ejecutados en esa época, tanto por regímenes católicos como evangélicos. Por ello es cuestionable, que se quiera juzgar a Calvino con la intolerancia reinante en el siglo XVI que no era un tiempo benevolente, ni tolerante con la herejía en ningún lugar de Europa como lo atestiguan las crónicas de la época, y como sobradas muestras daría la Inquisición Católica española durante largo tiempo.

Conclusión

Todos admitimos hoy que la ejecución de Miguel Servet fue un lamentable error, la libertad de conciencia a la que todo hombre tiene derecho no puede ser jamás mancillada y lo ocurrido en Ginebra en 1553 estaba reñido con el mensaje del evangelio.

Tanta verdad hay en esto como que el tema del proceso y ejecución de Servet por el Consejo Menor de Ginebra es un tema altamente complejo por las innumerables aristas que posee y entre ellas se entremezclan razones políticas y religiosas, luchas de facciones y enemistades personales.

Aproximarnos a los hechos acaecidos en el siglo XVI con el cristal de la tolerancia del siglo XXI es cuando menos anacrónico.

Los que atacan a Juan Calvino a través de este desgraciado episodio creyendo que con ello refutan su teología, en mucho se equivocan, porque no fue Calvino ni la teología reformada la que condenó a Servet sino las circunstancias y el ambiente político-social del momento.

R. H. Bainton, en “Hunted Heretic”, señala que con sus ideas y puntos de vista el médico aragonés hubiera sido barrido o quemado en cualquier país de Europa.

Calvino no se encuentra en el altar de los protestantes. Calvino fue un pecador más, un pecador que participó en el proceso contra Miguel Servet, que en el peor de los casos no intentó detenerlo , pero que tampoco habría tenido poder para hacerlo; su parte de culpa, es la del espíritu de su siglo, como atinadamente afirma el Dr. Emile Doumerge.

A un hombre como Calvino, que fue precursor en la separación entre Estado e Iglesia y que había levantado su voz para proclamar la verdad de Dios aún a riesgo de su propia vida, tal vez en este hecho sólo pueda imputársele el no haberse separado antes de las cuestiones políticas.

Todo lo anteriormente expuesto pesa abrumadoramente en la evaluación e interpretación de la historia de los últimos días de Servet, que tanto ha tenido que ver con los cargos de intolerancia que se le hacen a Juan Calvino.

Servet fue sentenciado por un tribunal civil, en unanimidad y de acuerdo a las leyes vigentes en su lugar y en su tiempo, sentencia aprobada sobradamente también en otras ciudades, e incluso repetida como en el caso de la Vienne católica romana.

Considerando estas anotaciones sería una simplificación absurda y carente de objetividad histórica hablar de la ejecución de Servet por Calvino, los hechos lo desmienten.

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